
Me encantan los Barça-Madrid. Sí, ya sé que estáis pensando…¿y a quién no? claro, todo amante del fútbol disfruta de un partido de tal magnitud, pero sobre todo si no eres hincha de ninguno de los dos equipos: evitas todo sufrimiento, el miedo a perder, la posibilidad de que al día siguiente en el trabajo todos los compañeros que son “del otro” equipo empiecen un recochineo que dure semanas.
Por eso pese a la euforia general entre los aficionados culés, algunos no lo tenían tan claro. Antes del partido había básicamente dos tipos de aficionado culé: el que esperaba una buena madriscada para olvidar las últimas dos temporadas en blanco, y los más cautos que mantenían un poco el miedo a perder. Me fui a cenar y a ver el partido con ambos: “Era el Real Madrid el que tenía mucho que ganar con el partido y muy poco que perder, pues todos sabían que el Barça es superior”. Comentaba uno de los amigos con los que vi el partido. Siempre confiado de las posibilidades del Barça, pero siempre muy analítico con todo lo que lo rodea. Otro amigo, madridista éste, que también estaba convocado, prefirió quedarse en casa para lo que el intuía era una humillación en potencia.
“Además, Juande lo que va a hacer es poner el autobús atrás, se habla incluso de que va a poner a cuatro defensas”. En efecto, aunque la línea defensiva finalmente fue de cuatro hombres, el planteamiento del técnico fue de corte defensivo. Si Schuster dijo verbalmente que en el Camp Nou no se podía ganar, Juande lo dijo sobre el campo planteando un partido que buscaba el 0-0.
La lluvia empezó a caer en Barcelona y ¿qué fue lo primero que pensamos cuando caían las primeras gotas? No fue “nos vamos a mojar”, o “esto es bueno para la sequía”, no. Fue de qué forma afectaría la lluvia al partido: “Ves? Aún mejor para el planteamiento de Juande. El campo rapidito ideal para pases directos”, medio bromeaba con mis compañeros.
Llegados al refugio del bar bajo la intensa lluvia, los primeros minutos empezaron a pintar el retrato de lo que sería el encuentro. El Madrid a verlas venir y obsesionado en parar a Messi a toda costa, mientras otros jugadores se encontraban con bastantes metros de ventaja para llegar al área rival. El Barça atacaba, pero no veía la forma de romper el cerco. Otra de las peculiaridades de nuestro deporte favorito. El fútbol es uno de los pocos deportes donde aunque un equipo juegue peor que el otro, puede ganar con una jugada aislada, a balón parado o como sea. ¿Alguien ha oído alguna vez decir “Nadal jugó mejor que Federer, pero ganó Federer” o “El Pamesa jugó mucho mejor que el TAU pero al final los puntos se quedaron en Vitoria”? Por eso el miedo crecía.
Varios espectadores estaban furiosos con los calmantes que estaba recibiendo Leo Messi y otros decepcionados con el planteamiento del Real Madrid. “Pues no sé porqué…en realidad el Madrid está haciendo su partido, el que está decepcionando es el Barça”, comentábamos nosotros sin embargo.
La ocasión de Drenthe materializó los peores augurios de los más pesimistas: la han tenido y la han perdonado…¿tendrán alguna más? Para un partido al contraataque, Drenthe era de los pocos jugadores rápidos para hacer válido el planteamiento, pero le faltó definir ante Víctor Valdés. Luego, en la portería contraria, el otro cancerbero adquiría más y más protagonismo, pero se reservaría su aparición estelar para más adelante.
Penalti a favor del Barça, ciertas dudas al ver la repetición pero daba igual, todos contentos con la ocasión. Callamos mientras veíamos a Eto’o correr hacia el balón, pero podía leer los pensamientos en mi mesa: “¿Por qué no tira Messi?”; “Cuidado con Casillas, conoce bien a Eto’o”. Ya mi mente vino el documental de Informe Robinson sobre la Eurocopa, en el que Casillas explicaba como estudió a los lanzadores de penalti de los equipos a los que se enfrentaron en las eliminatorias…todo eso pasó por nuestra mente en los pocos segudos que necesitó Casillas para detener el dsparo de Eto’o.
En un pintoresco bar cercano al que nos hallábamos, está la peña “Mama Inés” del Barça, llamada así porque cada vez que marca Eto’o el dueño pone la añeja canción que recuerda cuánto le gusta a los negros el café. En esta ocasión la canción tuvo que esperar, pero por poco tiempo.
El camerunés abrió finalmente la lata y la ciudad condal respiró. Se había pasado de una tétrica euforia previa al partido, comparable a la de la final de la Copa de Europa ante el Milan, al olor del fracaso que hubiese significado no llevarse el partido. Pero el tanto de Eto’o devolvío la sonrisa y las ganas de cenar a más de uno. “Yo soy de los que no cenan cuando pierde el Barça”, decía uno de mis amigos. “Eso son cojonadas”, comentaba el otro mientras deboraba su lomo con queso mientras el marcador aún era de empate a cero.
Tras el partido, tal vez por la lluvia, tal vez porque se esperaba más, había satisfacción en las calles pero no excesivas celebraciones, ni petardos ni citas multitudinarias en lugares céntricos de la ciudad. Pero la alegría estaba en el aire frío de la noche, se deslizaba entre tantos y tantos turistas que poco o nada les importaba el partido, y tantos y tantos no turistas que ya llevaban horas disfrutando de la noche Barcelonesa.
Foto | El Camp Nou la noche del partido, por Pedro Aznar
Artículo original: Notas de Fútbol